viernes, 26 de marzo de 2021

Mártir de la nada...

Ese martirio y ese sacrificio por el bien familiar es absolutamente despreciable.

Desprecio la manada de sangre.
Desprecio los lazos de unión obligados.
Desprecio el sacrificio para el crecimiento de la sumisión sanguinea.
Desprecio ante todo las miradas cómplices de las sufridoras.

Todo eso no lleva a nada, solamente emponzoña aún más la existencia propia y de los demás.

Solo hace más insoportable tener que consumir el mismo aire manido y denso.

Exigir el afecto...

Cuando se debe exigir el afecto es que hay un gran problema.

Cuando el afecto no es natural, el abrazo, el cariño, la preocupación no son naturales es que hay un gran problema en el fondo. Como un quiste de grasa incrustado durante años, que por más que aprietes se niega a salir.

Cuando entre sufrimiento y chantaje solo existen las ganas de abofetear, es que ya no hay remedio.

Nadie es responsable de no quererse más allá de lo que exige la sangre y el pacto social.

Cuando no hay, es que no hubo ni habrá.

martes, 23 de marzo de 2021

Cuidados...

 Cuando hablamos de cuidados ¿de qué estamos hablando realmente?

¿Hablamos de cuidar a padre y madre en sus últimos días?

¿Hablamos de cuidar a familia de sangre en recuperación?

¿Hablamos de cuidar plantas?

¿Hablamos de cuidar el medio ambiente reciclando?

A mi me gustaría hablar de intentar no herir, de admitir la herida hecha, producida. Empatizar poniendo por delante quizás el bien de la otra persona sin que el propio acabe totalmente descuidado. 

Yo siempre he sido una persona cuidadora, nunca me ha gustado ver personas cercanas y queridas enfrentadas o disgustadas, siempre quiero que todxs estemos agusto. Casi siempre lo consigo y finalmente acabo por los suelos, revoleada, moñeada y descuidada por mi misma. No se anteponer mis cuidados e intereses a los de las demás. 

Hoy me detectaron faringitis crónica y el médico hablaba mucho del estrés, de los nervios, de los jugos gástricos, de no comer bien... Yo pienso que finalmente la garganta se me está cerrando para impedirme hablar definitivamente ya que yo solo me lo impido. 

Esperé palabras y cuidados, tuve silencio y descuido.

 

 

sábado, 20 de marzo de 2021

Volviendo a volver...

 Quiero tener una rutina de palabras.

Quiero escribir de nuevo como lo hacía antes, sin pasar por el filtro del yo juez y dictador.

Quiero volver a ser joven pero con la experiencia de quitar lo que no quiero. 

Quiero tener un cuerpo que no se canse, que corra y no se deje vencer, que no se ahogue, que no tenga miedo a morir. 


Se supone que al envejecer vas perdiendo el miedo a la muerte. Yo cada vez tengo más miedo y no se por qué ultimamente está muy presente, pienso que cualquier cosa puede pasar y me convertiré en la nada.


A veces pienso que dejo cosas por hacer.

A veces pienso que ya hice lo que tenía que hacer. 

A veces quiero terminar y otras vivir con un ansia adolescente, como si no hubiera vivido nada.

 

 

martes, 24 de marzo de 2020

La humanidad como gran fracaso...

En estos días, encerrado, confinado, aislado, acompañado solo por el amor, por el de verdad, no aquel que promete pero luego se esconde y transfigura, sino por ese que te acepta en el delirio, en estos días la claridad y la transparencia atraviesan mi cuerpo como las flechas lo hicieron con el mártir San Sebastián.

Siento pena del buen ciudadano, de vigilante, del acusador, del ordenado, del cívico. Conforme van exigiendo más responsabilidad, yo solo tengo más ganas de desobedecer.

Nos tirotean con imágenes y noticias de la muerte en directo, abuelos muriendo en hospitales, en habitaciones de residencias, en la calle, en sus casas... Y apelan a la responsabilidad ciudadana, a no salir de casa para no contagiar, pero alguien preguntó a esos abuelos que mueren qué opinaban de todo esto, quizás estuvieran contentos de terminar al fin, de no tener que aguantar más en este mundo que nos está escupiendo desde dentro hacia fuera. No sé, quizás querrían seguir viviendo aún en malas condiciones y tener que ver la estupidez supina de la obediencia estatal, nunca se sabe.

A veces me siento en un gran plató de comentaristas matutinos dando su opinión, como si su gigantesca y monstruosa ignorancia les diera legitimidad para hablar, convertidos en los grandes pensadores de nuestra época... Grandes pensadores... ¿de qué ha servido la labor de tanto pensamiento en la historia de la humanidad? ¿qué ha sido de ese tiempo empleado en descifrar el comportamiento humano? No ha servido de nada. Viendo esto solo puedo sentir rabia y lástima, solo me gustaría no saber leer, me gustaría disminuir de tamaño y envejecer sin poder pronunciar palabra ni escribirla, quizás ese sea el mejor camino para poder seguir viviendo rodeado de crueldad y estupidez humanas.

La humanidad ha escrito su historia a base de fracasos, y creo que nos ha tocado vivir ese gran fracaso, el definitivo... Nos animan a seguir, resistir, apoyarnos, juntarnos y yo cada vez quiero estar más lejos, lejos de toda esa unión acrítica, sin pensamiento, sin razón, sin condición.

Ojalá trompetas como en el apocalipsis.

viernes, 28 de febrero de 2020

sábado, 7 de diciembre de 2019

Releyendo textos pasados...


Esto lo escribí el 11 de Septiembre de 2016. Hoy vuelvo a leerlo y recuperarlo para otro proyecto:

'Soy insensible a todo.
Todo me da exactamente igual.

Veo caer las torres gemelas de nuevo y ya no me produce nada, mueren personas asesinadas en París y no me importa, sigue muriendo gente en Siria, Palestina, Africa... Y me la suda.

Y algo que nunca me había fallado era el AMOR, siempre me sorprendía, me elevaba, me hundía, me enfermaba. Ahora me da exactamente lo mismo.

Creo que he aceptado que no sirvo para ser amado, sí para amar, pero no para ser amado.

Y siento auténtico terror cuando miro atrás, veo como antes era amado, como me amaban y amaba.
Ahora ya no importa.

Siento como si fuera una persona defectuosa, como si se me hubiera caído la última pieza que me hacía sentir.

Solo quiero leer, leer, leer.
Ni tan siquiera me interesa escribir tanto como antes. ¿Para qué? ¿Por qué? Nunca voy a estar a la altura.

La gente me aburre y me sigo rodeando de las mismas personas que cada vez me importan menos y se me hacen más insufrible e insoportables.

Lo ya conocido ya ha desvelado su suciedad por completo, y lo que me queda por conocer no me aporta absolutamente nada, se repiten patrones de estupidez, de bajeza, de moralidad absurda, de ética ridícula.

Supongo que ya crucé la línea, esa línea inexplicable sin retorno.
Donde hay soledad amada, ahora es cuando la amo de verdad, cuando la admiro, cuando la demando, y también la odio porque se ha adherido a cada centímetro de mi persona y mi lugar, y la gente que viene a mover esos cimiento solitarios se encuentra con una barrera infranqueable e invisible.

Es como si quisiera gritar:
¡DEJADME EN PAZ!
A la vez que reclamo:
¡AMOR, AMOR, AMOR!

Ni tan siquiera recuerdo que era el AMOR, solo me queda la imagen de lo que leo, pero dentro de mi se fue eso tan bello, lo que me elevaba al cielo y me sumergía en el infierno.

Ahora me queda la tierra como purgatorio.'

No sé qué pensar sobre todo esto. 

Creo que en parte he perdido ese miedo a AMAR, o quizás he perdido el miedo al dolor, al abandono. Sigo saltando sin paracaídas, pero intento que el salto sea grupal al menos. Ahora puedo vivir eso tan bello, puedo elevarme y sumergirme sin temblar tanto como antes, aunque el miedo no haya desaparecido quizás he aprendido a manejarlo de alguna manera. 

Quizás esa pieza que pensé que me faltaba, no es que no la tuviera si no que tenía una diferente, algo diverso y no por ello menos válido.